• Lira

Alejandra, 24 años.

Actualizado: 26 jul 2020

Ésta es una larga historia...

Recién cumplía mi mayoría de edad y entré a trabajar a un lugar lavando platos. Estudiaba inglés y necesitaba un ingreso para poder pagar mis cosas. Empecé súper emocionada porque era mi primer trabajo. Con los días conseguí trabajar en cocina y a abrir el café todas las mañanas, manejar caja, etc.

Era un sábado; los sábados entraba en la mañana a trabajar, ví dos chicos en el restaurante de al lado, eran pasantes nuevos. Cuando lo ví a él, quedé flechada. Su sonrisa me hipnotizó. Tenía un hoyuelo en su mejilla y una dulzura en su mirada que me derretía.

Seguí con mis labores y continuaba viéndolos los días siguientes. Un día se acercaron al café a ver qué vendíamos. Yo tenía una gripa terrible y tosí. Tenía catarro y sonó terrible. Yo estaba súper apenada, pero eso fue el inicio de todo. Algo atípico, pero me ayudó en su momento.

Él chico del hoyuelo se llamaba Andrés. Me encantaba cada vez que sonreía y me parecía súper interesante. Yo tenía un novio. Llevábamos saliendo un tiempo y recién nos habíamos hecho novios. La verdad no lo quería como uno. Pero era bueno conmigo, entonces suponía que estaba bien. Realmente yo era súper inocente…

Después de un tiempo me despidieron del trabajo donde estaba porque el punto de venta donde trabaja lo cerraron. Al otro día me llamaron para trabajar en el restaurante con los pasantes. Yo estaba súper emocionada porque iba a estar cerca de Andrés. Empecé a trabajar ahí y pasábamos todo el turno hablando. Nos reíamos mucho y yo cada vez me sentía más clavada. Decidí terminarle a mi novio. Realmente lo quería pero como amigo, pero con Andrés no podía explicar todo lo que sentía. Siempre he creído y creeré que fue amor real. Andrés y yo llegábamos antes al trabajo para vernos, conversar, reírnos sin que nadie nos viera. Un día acordamos salir después del turno y justo llegó mi ex con un perrito en brazos diciéndome que lo había adoptado. Amo los animales pero sentí la situación como una en la que él quería condicionarme buscando motivos o argumentos para que estuviera cerca de él; le dije que me esperara en la casa de mis papás pero él no quiso. Me esperó hasta que salí de trabajar. Andrés había salido antes y estaba lloviendo demasiado. Cuando salí caminé hacia Andrés y justo pasó Luis y me pito desde el auto. Sin decirle una sola palabra a Andrés que me esperaba escapando de la lluvia bajo un “murito”, abrí la puerta del carro y me monté para irme a casa.

Cuando llegué a mi casa hablé con Luis y le dije que por favor me dejara en paz. Que ya habíamos terminado. Que no quería tener nada con él. (ah!, no les he contado la joyita, resulta que Luis era supremamente mentiroso y ya le había descubierto varias infidelidades en el poco tiempo de “novios” que teníamos). Ésa noche le pedí que se fuera de mi casa. Él se fue y cuando lo hizo llamé a Andrés. Le pedí que por favor fuera mi casa, que me diera la oportunidad de explicarle mi comportamiento.

Él llegó y hablamos; le conté que realmente me había tomado por sorpresa que Luis fuera. Nunca me lo imaginé. Le pedí que me disculpara por haberlo dejado plantado en medio de la lluvia, pero era porque no quería que él se diera cuenta ya que de cierta forma no confiaba en Luis. Andrés me disculpó y nos quedamos hablando. Él dibuja. Me hizo un dibujo de un faro de mar y escribió mi nombre en él. Me encantó. me preguntó si sabía qué significaba el dibujo?, le dije que no, pero que me parecía muy bonito. Él me miró y me dijo: -“ Es un faro de mar, porque un faro dá luz y eso eres tú en mi vida, luz…”

Esa noche fue mágica a pesar de todo, después mi papá lo echó de la casa porque él pensaba que era muy pronto para salir con alguien y pues yo soy su hija menor, entonces soy su “niña” por más que crezca…



Planeamos salir a bailar el próximo fin de semana y cuando se llegó el día apareció Luis llorándome que volviéramos, yo hablé con él y le dije que no. No quería más verlo ni hablar con él. Me sentía enamorada de Andrés, estaba feliz.

Ésa noche sin dudarlo ha sido una de las mejores noches de mi vida. Bailamos hasta el amanecer, nos sinceramos y hubo una conexión muy especial. No quería que ése momento acabase.

Al día siguiente Luis fué a mi casa, quería hablar conmigo. Se puso a llorar mucho y me dijo que no era nadie sin mí; yo me sentía entre la espada y la pared porque estaba sintiendo algo por alguien que me llenaba el alma, pero por otro lado no quería ser responsable del sufrimiento de alguien a quien apreciaba…. Después de hablar un par de horas me convenció. Sus lagrimas de cocodrilo me llenaron la cabeza de karma y mala suerte si era culpable del sufrimiento de él.

Había quedado en verme ése día con Andrés y él; la noche anterior me prestó un buzo por el frío cuando salimos de bailar. Le dije a Luis que me acompañara al sitio sin decirle a qué era y le dije que me esperara en el auto. Creo que nunca debí hacer eso. Hablé con Andrés y le expliqué la situación. Lloré de impotencia delante de él. Me dijo que conservara el buzo. Volví tres días con Luis. Le terminé al tercer día. No podía. Estaba perdidamente enamorada de Andres….

Al día siguiente de terminarle a Luis le dije a Andres que nos viéramos, él me dijo que estaba en el trabajo; le pedí que mintiera con algo urgente, que me moría por verlo. Y así lo hizo. Mintió y no tardó más de media hora en llegar dónde yo estaba. Quería abrazarlo toda la tarde y estar simplemente con él. No haciendo nada sexual. Sólo sentir su compañía. Nos fuimos a un motel del centro, era un día muy lluvioso, el motel era de esos baratos donde no sabes si quitarte las medias por miedo a las infecciones, o a poner la cara en el colchón por no saber si alguien había muerto ahí. Pasamos juntos toda la tarde riéndonos, charlando, conociéndonos y confesándonos humanos.

Yo renuncié al trabajo porque me salió una oferta mejor, igualmente Andrés y yo seguíamos viéndonos. Él siempre llegaba donde yo estuviera y siempre llegaba con su sonrisa. Pasadas unas semana le dije que me iba a estudiar a Argentina. Estábamos en unos columpios sentados hablando y era una tarde muy linda. Él me prometió que pasados 6 meses de yo haber llegado allá iría a verme. Creo que ambos soñábamos mucho. Un día me llamaron para un evento y Luis fue saludarme a mi casa, él vivía muy cerca de la mía. Me llevó al evento y me ayudó. Esos días del evento recuerdo haber dejado el buzo de Andrés en mi sala; le pedí a Luis ir a mi casa por mi almuerzo y recuerdo que después de ése día jamás volví a ver el buzo. Desapareció… Esos días Andrés y yo hablábamos por chat porque ambos estábamos con miles de cosas, él con el estudio y trabajo; y yo con trámites de pasaporte y papeles, también con mi trabajo. Habíamos quedado en pasar juntos la alborada, pero ése día nunca apareció. Le llamé, le escribí pero nunca respondió. Sólo una vez por chat me dijo que no lo buscara más, y yo le dije que habláramos; en mi cabeza no cabía el porqué no quería verme. Si estábamos súper bien… Así que en mi turno partido fui a verlo al restaurante. Él no quería salir a verme, sus jefes eran amigos míos y obviamente le dieron permiso para salir un rato.

Cuando nos conocimos él fumaba, mientras estuvimos juntos lo dejó. Ése día apenas nos sentamos a hablar en una acera en la calle prendió un cigarrillo y yo le reproché y le hice el amague de quitárselo. Ahí me dí cuenta que todo estaba mal. No me miraba a los ojos, me evadía. Me dijo que no tenía tiempo de hablar conmigo y que me fuera. Entendí todo…

Le dije: “espero que encuentres todo lo que tanto anhelas y que seas muy feliz; realmente yo te quiero mucho, pero veo que tú ya no sientes lo mismo por mí” – él se quedó callado. Ante mi desesperación de encontrar respuestas le pregunté:- “sientes algo por mí?” ; a lo que él sin mirarme y sin dudarlo respondió fríamente: “No”. Ahí sentí cómo mi corazón se partió en mil pedacitos. Mis ojos se llenaron de lágrimas y se me dificultó respirar. Agarré la moto y me fui llorando al trabajo; pensando en el camino en cómo me sentí de ridícula por haber arreglado y producido para ir a verle. En cómo alguien que llegaba a todas partes sin dudarlo, sin pensar en lo lejos que estaba en ése momento llegaba sin excusas. En cómo era posible que todo estuviera en mi cabeza. Que yo me hubiese inventado todo, para mí era imposible!.

Ésta historia no acaba aquí, pero realmente no importa porque pasó mucho tiempo para volvernos a ver y hablar, y eso ya es otra historia.






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